jueves, 20 de junio de 2013

Cincuenta años de la Escuela 105

Nací en el Barrio Ferretjans (llamado así porque estos terrenos pertenecían al señor de este apellido) en lo que hoy es Domingo Pérez, Oficial 72 y  74, las que con el correr de los años recibieron nominaciones referentes a  personas que han aportado algo a la comunidad y/o al Barrio, como Pérez Fourcade, Maestro Varela Diano, Maestra Chica Zeballos.
Allá por los años 60 el barrio crecía y contaba con un número importante de niños que pronto concurrirían a la Escuela; hasta ese momento muchos concurrían a la Escuela Nº2, a la Escuela Nº1  y a la Escuela Nº12. Aquí surge la inquietud en los vecinos, una escuela para el barrio. Por supuesto, como siempre, hubo gente que por diferentes razones se opuso a la realización de esta obra.
El gran visionario de esta época fue el señor Víctor Tabeira, radicado en el barrio desde la época en que apenas contaba con unas pocas casas. Este hombre, al enterarse que el señor Rufino Hernández y Aldrovandi habían fraccionado terrenos linderos al barrio, tuvo una genial ideal.  Primero se contactó con los vecinos Santos, Marichal, Castillo, Casas, Montes de Oca, Romero, García, Arriola, Martínez, Rodríguez, Ariza, Montesdeoca, Suárez, López, Inzaurralde, Álvarez, Hernández, Guerrero y Sra., Yelos, Méndez, Martirena, Villar, la lista sigue, imposible de nombrar a todos.  
Hablaron y opinaron sobre si sería viable la creación de una Escuela. Aquí cerquita estaba la posibilidad de un terreno, que hasta ese momento no era muy utilizado, ya que era una enorme cantera de tierra gredosa (recuerdo que a veces de niñas nos escapábamos por el fondo de nuestras casas que daba a ese lugar a juntar coquitos de eucaliptus, y tirarlos  al  pozo de la cantera lleno de agua).
Los vecinos  apoyaron la sugerencia de Víctor y empezó la campaña titánica. Primero hablaron (Tabeira y Santos) con la señora Rosa Martínez, viuda de Rufino Hernández, para ver si donaban este terreno, así lo hizo. Luego Víctor -junto con algunos vecinos como Guerrero, Castillo, Santos y Marichal- se movió a nivel Intendencia, Cuartel e Inspección de Escuelas. Hubo que conseguir escombros, rellenar la cantera, la Intendencia aportó máquinas con tal fin.
Se acondicionó el terreno y se alquiló una casa que daba a la otra calle, hoy Maestra Chica Zeballos, propiedad del señor Ángel Inzaurralde, con aportes de vecinos  se recolectaron sillas y una mesa, para que la Escuela empezara a funcionar lo más pronto posible, comenzaba el año 1963.
Además la novel Escuela carecía de campana, las maestras avisaban la hora del recreo o salida con palmas. Entonces Chichí (esposa de Víctor Tabeira) tenía un cencerro encontrado en los campos de su padre en “El Perdido”, y le pide a otro vecino que le coloque el mango para usarlo de campana. Y así lo dona para la Escuela, campana que mis hijas alcanzaron a tocar como muchos niños. Ésta tenía grabadas las iniciales “GA” del muy conocido padre Genaro Amantea, propietario del Cerro del Cura, todos sus animales tenían un cencerro, vacas, ovejas.
A los pocos años se construyen 2 salones en el predio de la Escuela, hoy funciona la Dirección y la cocina comedor. 
Pero había que construir la Escuela, se hicieron muchos beneficios, bailes (gracias a los contactos que tenía Víctor, por su almacén, consiguió donaciones de Coca Cola, Crush, Salus). Una de las varias Maestras que pasó por “La Escuela” fue Mª Melogno, que formó un cuadro de fútbol y les enseñó a los niños a jugar; los fines de semana Víctor los llevaba a practicar al Barrio La Curva.    
Víctor va a Montevideo a firmar el compromiso de construcción con la Empresa Pintos Risso. Las aberturas se consiguieron en la Herrería “Bello” en Montevideo.
Y por el año 1972 comenzó  la obra. Tabeira se mueve a nivel del Cuartel y pide gente para que ayuden en la construcción, la que fue aceptada (cada día de trabajo debía firmarle a estos soldados una constancia de que habían concurrido). También maestras, vecinos, jóvenes del barrio (hay fotos que dan fe de esto) como Carlos, Eduardo y Nelson García, Julio e Indalecio “Chiche” Martínez, Gustavo Tabeira, Castillo, Guerrero, Montesdeoca y muchos más ayudaron a levantar  los salones que funcionan actualmente aunque, según los planos faltan construir otro block de salones. 
Luego de volver a sus casas después de cumplir con sus respectivos trabajos concurrían a la Escuela a levantar paredes, entrar material, etc., todos movidos por una meta en común: “La Escuela”.   
En su “cachila”, como la llamaba él, iba a buscar arena donada por Lezcano en su arenera a orillas del arroyo Campanero. Artigas Ramírez prestó la máquina y al maquinista, el señor Tellechea, para cargar el camioncito.
Tanto traía en su vehículo los bancos para la Escuela desde la Inspección, como los surtidos de comestibles para la cocina. 
Importante es recordar  aquellos primeros maestros que pasaron por ella, sin los que no hubiera podido cumplir con su función; como su primer  Directora Norma Vaghetti de Amen, el Maestro Varela Diano, Maestra Mirta Pardo, la Directora Ofelia Mendiola de Masa, Maestro Ramiro Pereira, Maestro Alberto Sanz, Maestra Mireya Almandoz, Maestra Gloria Martínez, Maestra Mª Melogno, Maestra Gilda Acosta,  Maestra Mª Díaz de Morosoli,  Maestra Nélida del Puerto de Scarchelli, Maestra Mª Esther Mateus (Nona), Maestra Myriam Carreras, y ya en la época en que mis hijas empezaron la escuela maestras como Maestra Imelda Barreto, Maestra Stella Pelúa, Maestra Sonia Layes, Maestra Raquel Mercapidez, Maestra Raquel Giménez, Maestras Sonia y Norma Tellechea, Maestra Teresita Espino, Maestro y Director Aniceto Vilches y muchas más que impartieron el saber en estos salones hasta la actualidad. Así como las Auxiliares de Servicio y cocineras como “Luisa”.
En estas aulas se han  formado los hoy profesionales, obreros, maestros, amas de casa, gente de bien. De los que muchos permanecen en el barrio y que también envían a sus hijos y nietos a la escuelita del barrio.
También se hizo una calle al costado de la Escuela para que los que venían del lado del tránsito pesado no tuvieran que dar toda la vuelta por Domingo Pérez, cada vecino dio un trozo de su terreno y la escuela otro tanto y surgió la calle, se marco y plantó cercos y árboles. Todo por supuesto avalado por la Inspección de Escuelas y la Intendencia Municipal, la que mandó sus máquinas para  hacer la calle, en el período del señor Salaverry, todo de palabra. ¡¡Si, en ese entonces la palabra tenía valor!! 
En 1978 el Intendente Coronel (r) Barbé Saravia donó  árboles para formar el seto vivo que rodeó a la escuela hasta hace pocos años atrás.
Pero todo esto, hoy en día, no sería realidad si un hombre no hubiera tenido el impulso y carisma para que lo apoyaran todos aquellos con los que él se contactaba,  transmitiéndoles su entusiasmo, por lo que era difícil negarse.
Por eso al conmemorarse los 50 años de la Escuela105 -luego recibió el nombre de  “Miguel Navarra”-, como vecina, madre, cuyas hijas concurrieron a ella, me sorprende y me siento decepcionada al ver que hasta el día de hoy, nunca nadie, en estos 50 años haya  hecho algo, una mención, un reconocimiento, darle nombre a un salón, colocar una placa en recuerdo a este hombre, que dio todo por la Escuela 105 y la que surgió  gracias a su pujanza. La vida lo llevó a vivir sus últimos años a un departamento vecino, pero siempre preguntaba por la Escuela. Nunca pidió nada, todo lo hizo con convicción.  Creo que las autoridades competentes se han demorado mucho, los homenajes deben hacerse en vida, pero queda su esposa “Chichí”, sus hijos, que también estuvieron con él en este esfuerzo titánico de crear la Escuela, trámites, idas a Montevideo, en fin toda la burocracia que conlleva la creación de una institución.
Por eso, por medio de esta carta abierta quiero recordarlo y que muchos que no saben la historia de la Escuela sepan cómo surgió.
¡¡¡Gracias señor Victor Tabeira Galeano!!!!
  
Miriam Estela






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