jueves, 20 de diciembre de 2012

“No existen evidencias que del 21 al 23 se vaya a producir oscuridad”


PROFESOR RODRIGO SIERRA DESPEJA MITOS Y RUMORES

En las redes sociales se habla de un apagón que ocurriría los días 21, 22 y 23 de diciembre. Primera Página consultó al profesor de Astronomía Rodrigo Sierra (docente del Instituto Eduardo Fabini y antes también docente del Observatorio Los Molinos de Montevideo) buscando una mirada científica, y alejar los rumores sobre ese y otros temas.

“El Caracol”, Observatorio Maya
en Chichén Itza, México
¿Ocurrirá ese anunciado apagón? ¿Hay bases científicas que lo avalen?

Se trata de un simple rumor que ha circulado, aprovechando la notoriedad que tiene la fecha del 21 de diciembre de 2012. No existe ningún tipo de evidencia que indique que desde el 21 al 23 de diciembre se vaya a producir oscuridad o algo así -salvo, durante la noche- (risas), por lo que no deben ser tomadas en cuenta las supuestas explicaciones de alineaciones y otras que andan circulando.

¿Se producirá una alineación de planetas el 21 de diciembre?

No, ese es otro de los malentendidos. Si fuera a realizarse una alineación planetaria el próximo 21 de diciembre, los planetas (que algunos son visibles a simple vista) ya se encontrarían muy próximos entre sí, lo cual sería un espectáculo muy interesante de observar. 

Sin embargo, cada uno es visible en diferentes momentos del día o la noche, lo que descarta una alineación para el próximo viernes. Hay que aclarar que los planetas nunca quedan perfectamente alineados, puesto que cada uno se mueve alrededor del Sol de manera independiente a los demás, y por eso no existe la posibilidad que queden todos “en fila”. A veces suelen agruparse en una misma región del cielo, pero en la mayoría de los casos es un efecto de perspectiva debido a que la Tierra también se va moviendo en el espacio.

En el caso improbable que todos quedaran en línea, el efecto para nosotros sería imperceptible, puesto que la única fuerza que podría tener una influencia sobre nuestro planeta sería la gravedad; pero dado que los planetas se encuentran muy alejados de nosotros (algunos más, otros menos) el efecto observable sería una pequeñísima fracción del efecto causado por la atracción de la gravedad de la Luna, que produce el fenómeno de las mareas.

¿Por qué tanto interés en la fecha del 21 de diciembre?

La fecha 21 de diciembre de 2012 coincide aparentemente con el final de la llamada Cuenta Larga del Calendario Maya. Aparentemente es porque la forma en la que medimos el tiempo actualmente y la forma en que lo hacen los Mayas es diferente, y por lo tanto es difícil establecer la “equivalencia” entre nuestras fechas y las fechas Mayas.

La mayoría de los estudios revelan que el final del calendario Maya coincide con el próximo 21 de diciembre, pero es interesante señalar que la propia forma en la que nosotros medimos el tiempo tiene algunos errores. Desde hace tiempo se ha señalado que nuestro calendario (llamado Gregoriano porque fue reformulado bajo las órdenes del Papa Gregorio XIII en 1582) tiene un error de entre 5 a 7 años respecto a la fecha real. Esto se debe a que cuando se decidió el origen del calendario (año 1), quien realizó las cuentas para establecer en qué año estábamos fue un estudioso llamado Dionisio el Exiguo, hace unos 1.500 años. Por aquel entonces no tenía las herramientas suficientes para el conteo preciso de los años transcurridos desde el nacimiento de Jesús (tomado como origen de la Era Cristiana), por lo que tuvo que recurrir a relatos históricos sobre reyes y dinastías anteriores y así calcular en qué momento se encontraba. En este proceso cometió algunos errores, detectados más tarde, que representan un desfasaje entre la fecha actual y la que realmente deberíamos estar. 

Ese desfasaje es de unos 5 a 7 años, lo que indicaría que nuestro año actual en lugar de ser 2012 debería ser entre el 2017 y el 2019. Por esto, el 21 de diciembre de 2012 ya habría pasado hace unos 5 a 7 años. El final del Calendario Maya no es estrictamente un final, puesto que la cuenta se iniciaría nuevamente desde el comienzo. Es curioso como mientras los descendientes de la civilización Maya esperan expectantes la llegada de ese momento, la mayoría de la civilización occidental se pone a pronosticar, sin fundamentos, todo tipo de catástrofes y fatalidades. Algo similar ocurrió con la llegada del año 2000, que fue el último año del siglo XX (el siglo XXI comenzó el 1º de enero de 2001, debido a que nuestro Calendario no utiliza el año 0).

Desde el punto de vista netamente astronómico, el único evento de importancia que ocurrirá el 21 de diciembre próximo es que a las 9:40 horas se producirá el Solsticio de Capricornio, que marca el comienzo del verano en el Hemisferio Sur, y del invierno en el Hemisferio Norte. Este evento ocurre todos los años, aproximadamente en la misma fecha.

Se habla de la energía del Sol que está en su momento más alto. ¿Qué significa esto? ¿Hasta cuando estará así? ¿Es cíclico?

La cantidad de energía que emite el Sol se mantiene más o menos constante, debido a un equilibrio en que se encuentra el Sol que no lo hace cambiar de tamaño ni gastar más combustible. Esto es una etapa de la vida del Sol (y de todas las estrellas) que se caracteriza por una estabilidad en cuanto a la cantidad de energía emitida. Lo que sí puede tener cambios cíclicos es la actividad solar, entendida como una serie de fenómenos observables, tales como manchas solares, erupciones solares y tormentas solares.

Esta actividad está sujeta a un ciclo de aproximadamente 11 años en los cuales la actividad solar sufre altos y bajos, y este año coincide con uno de los períodos de mayor actividad. Este ciclo se conoce desde hace 400 años, cuando comenzaron los estudios de la superficie solar por parte de los astrónomos. Esta actividad solar se traduce en la emisión al espacio de partículas cargadas (protones y electrones) a alta velocidad, que pueden llegar a impactar contra la Tierra. En la mayoría de los casos, el campo magnético de la Tierra actúa como un escudo, atrapando esas partículas y no dejándolas llegar a la superficie.

Una parte de esas partículas a veces logra llegar a la atmósfera alta, a través de los polos magnéticos, lo que produce las llamadas auroras (boreales si se ven desde el Norte, australes si se ven desde el Sur). Estas auroras sólo son visibles desde las cercanías de los polos magnéticos, que se encuentran un poco desplazados respecto a los polos geográficos.

¿Actúa la energía solar sobre las comunicaciones afectando el sistema?

Las llamadas tormentas solares son bombardeos intensos de estas partículas, que se pueden predecir con una anticipación de algunos días, y que en el peor de los casos pueden llegar a la Tierra e interactuar con circuitos electrónicos (afectando principalmente las comunicaciones) o líneas de alta tensión. En el primer caso es muy común que las transmisiones satelitales puedan verse interrumpidas, debido a que los satélites se encuentran en el espacio y mucho más expuestos a estas partículas que nosotros que estamos bajo la atmósfera. La interacción de la actividad solar con las líneas de alta tensión puede llegar a provocar una sobrecarga de las mismas, y llevar a que se produzcan efectos incómodos como apagones.

Es muy famoso el caso de un apagón que afectó al Este de Estados Unidos y Canadá, debido a una tormenta solar a mediados de la década de 1990. De todos modos, esta actividad solar nos ha estado afectando desde miles de millones de años, y el hecho de tratarse de un fenómeno cíclico nos permite tener una idea de qué es lo que podemos esperar.


Cuando se habla de "cambio climático" a grandes rasgos, ¿qué es, mutarán las estaciones, el clima será diferente o se manifestará diferente?

El cambio climático es consecuencia del llamado calentamiento global, esto es un aumento de la temperatura promedio de la atmósfera, que provoca un desajuste en el sistema climático. Ese calentamiento es producido por la presencia de exceso de muchos gases, principalmente dióxido de Carbono -un gas que exhalamos al respirar- y que actúa como una especie de barrera para no dejar escapar el calor que recibimos del Sol. Este efecto, que existe de manera natural, es conocido como efecto invernadero; los llamados gases de invernadero “atrapan” parte del calor del Sol lo que evita que durante la noche las temperaturas desciendan demasiado. Si bien esto es algo bueno, ya que ha permitido la supervivencia de la vida en la Tierra durante millones de años, la presencia en demasía de gases de invernadero acentúa este proceso, causando un sobrecalentamiento.

Desde el comienzo de la llamada era industrial (hace unos 150 años) se ha venido arrojando a la atmósfera una cantidad enorme de gases de invernadero (principalmente dióxido de carbono) producto de la combustión de diferentes elementos. El desarrollo de la industrialización llevó a que la cantidad actual de gases de invernadero sea tan grande que cada vez hay más calor del Sol que queda atrapado, y por lo tanto eso hace que se produzca el llamado calentamiento global. La atmósfera terrestre representa un sistema que busca el equilibrio, pero cuando cambia su temperatura la “estabilidad” se rompe y se produce un cambio importante en la forma cómo se manifiesta la actividad atmosférica. Esto es lo que causa el problema del cambio climático, porque como las condiciones de la atmósfera no son las mismas, ya no existe una regularidad en los cambios que se veían anteriormente. De ahí que existan períodos de lluvias o sequías muy pronunciadas, alteraciones en los cambios de temperatura y otros. Si bien se trata de un problema estrictamente climatológico y meteorológico (la meteorología es la ciencia que estudia todo lo que sucede a nivel de la atmósfera), desde el punto de vista astronómico resulta también interesante porque se ha visto que el planeta Venus también posee un calentamiento global, aunque en este caso mucho más extremo que el de la Tierra.

La temperatura promedio en la superficie de Venus es de unos 450 grados Celsius. Cuando los astrónomos descubrieron esto en la década de 1960, al mismo tiempo encontraron que uno de los componentes principales de la atmósfera de Venus es el dióxido de Carbono. Esto provocó la alarma en los investigadores de la época, que comenzaron a medir los niveles de dióxido de Carbono en la atmósfera de la Tierra. Con el tiempo, se ha visto que esos niveles van en aumento, de la mano del aumento de la temperatura promedio de la atmósfera.

¿Cuál sería la solución?

Por un lado habría que comenzar a reducir de manera importante la cantidad de emisiones de gases de invernadero a la atmósfera. El principal contribuyente es la actividad industrial que utiliza combustibles fósiles (carbón, gas y derivados del petróleo) para sus actividades, por lo que la opción lógica sería buscar algún sustituto para esos combustibles. Esto tiene un costo que muchas industrias se niegan a asumir, lo que torna el asunto en un círculo vicioso. Muchos países como Uruguay se pusieron de acuerdo, mediante el llamado Protocolo de Kyoto, en controlar y buscar reducir (si las hubiera) sus emisiones de gases de invernadero.

El problema es que los países más industrializados no han acatado o ni siquiera se sumaron al Protocolo de Kyoto, y de esta manera los principales responsables no toman en serio el asunto. En Estados Unidos, por ejemplo, el problema pasa incluso por la opinión pública, existe un amplio sector de la población que al no estar instruida en este asunto, no tiene claro el problema, y por lo tanto no exige que sus gobernantes tomen las acciones necesarias. Hay un documental, realizado por el ex-vicepresidente de EE.UU. Al Gore, que ilustra esto de manera muy clara. Más allá del mensaje político (dirigido principalmente a los propios estadounidenses) la película es interesante en el sentido que utiliza un lenguaje muy sencillo para explicar el problema, sus posibles soluciones y las consecuencias a las que nos exponemos si no actuamos a tiempo.

¿Calentamiento global y cambio climático es lo mismo?

No (lo dice Sierra de forma enfática y contundente). No está relacionado con el llamado problema de la capa de ozono, que afecta al pasaje de la radiación ultravioleta del Sol. Este es un problema surgido por la interacción de otros gases (los llamados CFC) con la capa de ozono que tiene la atmósfera de manera natural (y que impide que la radiación ultravioleta peligrosa llegue a la superficie).

Lo interesante es que se puede considerar que el problema de la capa de ozono es un asunto “en vías de solución”, puesto que en su momento los países se pusieron de acuerdo y eliminaron totalmente la utilización de esos gases, por lo que con el tiempo la capa de ozono se regenerará y volverá a los niveles normales. Ojalá que pronto pase lo mismo con las emisiones de dióxido de carbono y demás gases de invernadero.

Días atrás se produjo una lluvia de meteoritos ¿Se pudo ver bien desde Uruguay?

Las lluvias de meteoros (o mal llamadas “lluvias de estrellas”, porque no son estrellas) son fenómenos que se pueden observar periódicamente. Se producen cuando la Tierra atraviesa una zona del espacio donde quedaron “escombros” del pasaje de cometas o asteroides (como pequeñas partículas o rocas), y esos escombros al entrar a la atmósfera terrestres se aprecian como meteoros. Como hay varios cometas y asteroides, la Tierra cruza estas zonas varias veces al año, por lo que las lluvias de meteoros son comunes. Para poder observarlas, se necesita ubicarse en una zona oscura, alejada de las luces de la ciudad.

Respecto a la lluvia que sucedió en días pasados, conocida como la lluvia de las Gemínidas, hubo reportes de astrónomos aficionados uruguayos que pudieron observar varios meteoros. Los nombres de las lluvias de meteoros hacen referencia a la constelación o zona del cielo de donde parecen provenir los meteoros; así están las Gemínidas (que se observan mirando hacia la constelación de Géminis), las Leónidas (por la constelación de Leo), las Oriónidas (por la constelación de Orión), y muchas más.

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