miércoles, 4 de noviembre de 2015

El golpe en Chile: ¿Neruda fue asesinado por la dictadura?

Brindamos hoy a nuestros lectores la tercera y última parte de la conferencia del jurista y diplomático chileno Eduardo Contreras Mella, uno de los defensores de los Derechos Humanos más conocidos y reconocidos de América Latina, y hasta hace unos tres meses embajador de Chile en Uruguay, realizada en la sede del Mercosur en Montevideo hace unas semanas. Contreras Mella formó parte del primer equipo de abogados que presentó en Chile una querella -una denuncia judicial- por violación de los Derechos Humanos en contra del mismísimo Pinochet, en el año 1998, cuando este aún vivía y detentaba aún un enorme poder. Contreras es también abogado querellante en el proceso que desde 2012 investiga la muerte del poeta Pablo Neruda y que hasta la fecha ha acumulado antecedentes que confirman la tesis de su asesinato y lo ha hecho también en las causas de agrupaciones de familiares de las víctimas contra los responsables civiles del golpe de Estado.
La conferencia fue organizada por la Oficina Regional para América del Sur del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH).
Actualmente hay en Chile más de 1.500 procesos judiciales en trámite vinculados a las violaciones de los Derechos Humanos, y Chile es el país con más expedientes abiertos, más procesados y más condenados de todos los países que por aquéllos mismos años del siglo pasado debieron soportar dictaduras brutales en Latinoamérica.



EL GOLPE Y LAS INSTITUCIONES CHILENAS

¿Qué ocurría con las instituciones sociales en Chile, y que ocurrió después, y con el propio Estado, antes, durante y después del golpe de Estado?
Quiero destacar en primer lugar el papel heroico, valiente, generoso, histórico, que jugó la Iglesia Católica chilena, porque el cardenal Raúl Silva Henríquez (1), que creó la famosa Vicaría de la Solidaridad, que jugó un papel extraordinario. No fue el único elemento, por supuesto, hubo otras organizaciones y otras personas que se jugaron la vida por los perseguidos, hicieron todo lo que podrían hacer y con éxito, pero el papel de la Vicaría fue fundamental. Era muy difícil para la dictadura, que se proclamaba defensora de la Iglesia Católica, o protectora de la Iglesia Católica, supuestamente amenazada “por el comunismo de Allende”, terminar con la Vicaría de la Solidaridad, que fue un alero para abogados de Derechos Humanos, para estudiantes de Derecho, y sin los archivos de la Vicaría de la Solidaridad, que registraron la mayoría de los casos ocurridos, habríamos avanzado poco o nada. Tuvimos el arsenal valioso que nos dio la Iglesia Católica y su Vicaría para trabajar con abogados destacadísimos como José Galeano, que nombraba hace poco. Él, junto a un gran grupo de abogados -sería largo nombrarlos a todos- se jugaron la vida y lograron este enorme bagaje de antecedentes que nos permitieron contar con los antecedentes para todas las querellas que llevamos adelante a partir del año 1998. Porque a partir de nuestra primera en el año 1998 ocurrieron muchas cosas en Chile. La querella estuvo sola entre enero y abril, y en abril comenzaron a darse cuenta los propios colegas que las cosas sí podían caminar, y en los meses de julio y agosto ya eran 300 las querellas en contra de Pinochet, y todas caminando, todas avanzando. Y aquí aparece un personaje muy singular que merece ser mencionado, el juez Juan Guzmán Tapia. Cuando presentamos la querella en 1998, la Corte designó por turno a Juan Guzmán, que había sido un ardoroso partidario de la dictadura. Como él mismo lo reconocía, había celebrado con champaña la caída de Allende en el año 1973. Pero había elementos que indicaban que Juan Guzmán podía cambiar. Era hijo de un gran poeta chileno, Juan Guzmán Cruchaga, y por tanto tenía que haber compartido su mesa con personas como Pablo Neruda y Volodia Teitelboim (2). Por mucho que haya apoyado el golpe, debía tener en sus registros de niño un concepto distinto respecto a los intelectuales avanzados de Chile.
El primer encuentro con Guzmán fue bastante duro. Se mostró muy escéptico respecto a lo que decíamos, a mí me dijo varias veces que habíamos exagerado, por lo que contábamos en la querella, nos recibía con cierta frialdad, hasta que ocurrió un día un hecho bastante triste, pero que cambió su vida, y a mi juicio también cambió a los procesos, cuando escuchó el testimonio de una compañera que había sido violada por perros en un enclave nazi en el sur de Chile, en la Colonia Dignidad. Cuando yo entré a la sala, a la reunión que tenía con él, venía saliendo ella, y cuando entro a hablar con Guzmán, este tenía los ojos húmedos de lágrimas, me abrazó y me dijo: “Eduardo, ustedes tenían razón, yo era el equivocado, y además ustedes se quedaron chicos, esto es peor de lo que ustedes me han dicho”. A partir de ese momento, objetivamente fue así, cambió la mentalidad de Guzmán. No fue fácil, tomó meses para que se fuera convenciendo, no siempre estuvimos de acuerdo con él, pero ese hombre frío, incrédulo sobre lo que había ocurrido en Chile, cambió su vida porque lo sensibilizó la verdad. El hecho de conocer cara a cara la verdad lo hizo cambiar al punto que comenzó a buscar por Chile los cuerpos de los desaparecidos, no dudó en procesar a su propio primo hermano, Carlos López Tapia (3), que había sido jefe en Villa Grimaldi. Por lo tanto contamos con un aliado, que luego trabajó también con Garzón. Obviamente, la Corte Suprema, meses después, o años después, lo destituyó, lo sacó del cargo, pero nadie puede negar que Guzmán Tapia tuvo los pantalones suficientes para procesar, en Chile, a Augusto Pinochet. Por esos azares del destino, debo comentar algo que ocurre esta tarde, porque un papel determinante en el avance de los Derechos Humanos lo jugó la Policía chilena. Esa misma Policía de la que nosotros habíamos desconfiado durante muchos años, por razones políticas e ideológicas fue, con su Departamento de Derechos Humanos, un esencial colaborador de trabajo, y no se explicarían los avances sin el apoyo que tuvimos en la Policía de Investigaciones de Chile, y en especial de su Departamento de Derechos Humanos, el famoso Departamento 5º. Ahí se produjeron hechos tan importantes como la detención de Manuel Contreras (4), director general de la DINA, que se defendió armas en la mano. Sin embargo la Policía logró detenerlo sin derramamiento de sangre. También logró ubicar a Iturriaga Neumann (5), otro espectacular asesino, que pensaba salir del país y la Policía lo ubicó. Todos ellos fueron éxitos del Departamento 5º de la Policía, y curiosamente está de paso por Uruguay y se encuentra en esta sala el jefe del Departamento 5º (aplausos). Es increíble el documental que muestra su ingreso a la casa de Manuel Contreras, cuando este saca el revolver, y finalmente es detenido, al igual que fueron detenidos los demás, a quienes nadie se atrevía a detener. Hay anécdotas graciosas. Cuando detienen a Contreras, lo llevaban a Tribunales, nosotros estábamos allí, y por la radio se decía que había sido detenido Contreras, un hecho histórico. A Tribunales llegaron los familiares de detenidos desaparecidos, cientos de ellos, y llevaron huevos para tirarle a Contreras cuando llegara a Tribunales. Bueno, la mayoría de los huevos cayeron sobre el saco nuevo de este caballero que está sentado aquí. Después protestó mucho porque le habían manchado la ropa nueva (risas).


LA INFORMACIÓN QUE ENTREGÓ EL EJÉRCITO RESULTÓ ABSOLUTAMENTE FALSA

Poco después de esta querella, el gobierno instaló la llamada Mesa de Diálogo, que francamente resultó ser una mesa de monólogo, porque invitaron a las Fuerzas Armadas, pero invitaron a las organizaciones de familiares. Yo fui invitado y se me pidió que iniciáramos un diálogo para poner fin a los procesos sobre la base que las Fuerzas Armadas entregaran información. Les respondí que quien debía responder eso no era yo, sino las agrupaciones de familiares. Pero no las invitaron. Fueron algunas personas, algunos abogados de Derechos Humanos, pero no hubo diálogo. La información que entregó el Ejército, lamentablemente resultó ser absolutamente falsa. Entregaron un listado que decía que “fulano fue tirado al mar en tal parte”, y pocos meses después se encontraron los restos de esa persona en otro lugar. No fue precisamente un buen ejemplo. También se crearon comisiones de verdad y el Informe Rettig. Quiero decir que el Informe Rettig me parece un hecho positivo, que entregó elementos, y que se llama así porque la encabezó un exsenador llamado Raúl Rettig. Esta comisión entregó antecedentes que han servido, que son muy valiosos. No son vinculantes, no permiten procesos, pero nos sirvió mucho para los juicios que se siguen. También existió otra comisión, que se llama el Informe Valech. Ya ahí comienzan a aparecer los elementos desagradables, porque establecía una reparación a las víctimas y a los familiares de las víctimas a cambio de que entregaran sus testimonios, pero al mismo tiempo firmando un documento comprometiéndose al silencio por 50 años. Esto está vigente hoy en Chile. El Informe Valech exige silencio por 50 años. Es una cosa terrible, que por una mísera pensión, se hayan tenido que comprometer a no entregar información, impidiéndonos a nosotros ejercer nuestras acciones. De las comisiones que se crearon, algunas cumplieron un papel, y otras no fueron buenas. Es una experiencia a tener en cuenta.

¿CUÁL ES LA SITUACIÓN HOY EN CHILE?

Hoy hay en Chile unos 1.500 procesos abiertos. Los 300 primeros partieron en el año 1998 y tienen que ver con las causas más emblemáticas, como la Operación Cóndor, la Caravana de la Muerte, etc. Pero el grueso de los otros 1.200 procesos está relacionado con las acciones llevadas adelante por las organizaciones de familiares de ejecutados políticos, que han realizado una extraordinaria labor, sobre la base del trabajo de un pequeño grupo de abogados; nos nutrimos también de estudiantes de Derecho, sin distinción política alguna. Colocamos un cartel en la universidad, dirigido a los estudiantes de Derecho Penal interesados en el tema de los Derechos Humanos, y empezaron a venir chicos, con diferentes motivaciones políticas, y que al inicio no entendían nada, porque son chicos que nacieron después del golpe, nunca vivieron la labor de la dictadura. Pero cuando tomaban un expediente y comenzaban a leer lo que había ocurrido, no podían creer que eso había sucedido en Chile. Se apasionaron hasta las lágrimas y hasta hoy sigue existiendo un cuerpo muy valioso, creo que en este momento son unos 20, permanentemente reunidos, y dedican parte de su tiempo gratuitamente, lo que hace posible que sostengamos este número grande de procesos. A diferencia de lo que ocurre en otros países, para que vean cómo es de curioso el desarrollo social, y a diferencia de lo que ocurre en Uruguay, que el tema tiene un hermosísimo apoyo de masas -esa Marcha del Silencio en Uruguay es una cosa muy emocionante-, en Chile no hemos recibido apoyo de masas nunca. En la Federación de Estudiantes los Derechos Humanos no son un tema, y en la central de trabajadores tampoco. Ojalá haya algún día una marcha del silencio en Chile. Se da entonces el caso curioso que hemos avanzado en la práctica concreta de los procesos, pero eso no es seguido con el interés que debiera por las masas. Y nos parece que eso es grave, porque el tema de los Derechos Humanos y de los delitos de lesa humanidad, no es un asunto del pasado, no es un asunto de viejitos, no es un asunto de recordar el pasado, es sobre el hoy y sobre el futuro. Si no ponemos atención a lo que ocurre en los factores de poder de la sociedad, nadie tiene la vida asegurada. ¿Y cómo educar a los muchachos para que nunca más ocurra esto? Es justamente logrando que se acerquen y conozcan lo que ocurrió. Creo que en eso hemos fracasado, no hemos logrado sensibilizar a la sociedad chilena. Si hiciéramos un encuentro de este tipo, creo que en Chile habría menos gente que aquí. Yo he sido invitado a los lugares más insólitos del mundo -París, a México casi todos los años, a muchos otros países- pero en Chile ninguna universidad me ha invitado nunca a hablar, salvo en la que yo era decano. A la Universidad de Chile, en la que me eduqué, a la Católica, nunca he sido invitado. El Colegio de Abogados jamás me ha invitado. No es tema.


EL CASO NERUDA

Para concluir voy a hacer referencia a dos querellas que me parecen muy importantes. Una de ellas es sobre la muerte de Pablo Neruda. Esto comenzó con el comentario que hace en el año 2011 el que era chofer de Neruda, Manuel Araya, quien dice que el domingo 23 de setiembre de 1973, Neruda lo había llamado a él y a Matilde, que estaban en Isla Negra recogiendo las últimas cosas que Pablo quería llevar a México, donde iba a ser recibido por el presidente Luis Echeverría, dónde había sido cónsul, donde se le quiere mucho y había sido un factor político muy importante, Pablo le dice que le ha ocurrido algo extraño, y Manuel viaja a Santiago, a la clínica Santa María, donde estaba Neruda, y este le muestra a Araya una mancha roja en su abdomen, y le dice que lo ha inyectado una persona, que él no lo había solicitado y que tiene dolores muy extraños. Esto es lo que recuerda este hombre, luego lo mandan a comprar un remedio, sale, y a la salida del hospital es detenido por los militares y llevado al Estadio Nacional, donde estuvo preso más de un mes. Neruda muere cuando él está prisionero. Este hombre hace la confesión a la revista mexicana Proceso. Por esta revista nos enteramos que existía Manuel Araya, lo ubicamos en la ciudad de San Antonio, nos hace este relato que yo sintetizaba, recuerda Araya que con él había un ciudadano moreno, que era de un país que no recordaba cuál era. Cuando fui a saludar a nuestro amigo, el embajador de la República Dominicana en Uruguay, él me dice que me quiere presentar a su secretario, y este señor llega y me dice que quería conocerme porque había estado preso en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, y que había estado preso con un señor que decía que era chofer de Neruda. Así compruebo que lo que me había dicho años antes Manuel era completamente cierto. En realidad, hasta nosotros dudamos, porque para nosotros era un dato que Neruda tenía cáncer, y que había muerto de cáncer, por lo que el relato del chofer nos ofrecía muchas dudas. Y entonces decidimos no hacer nada hasta avanzar un poco en el tema. Pero comenzó a ocurrir que casi todo lo que decía el chofer era cierto. Él hizo referencia por ejemplo a parte del personal de la clínica, y les puedo contar ahora porque han pasado los años y lo sabemos, que parte de los médicos que estaban revisando a Neruda son parte de los que ahora están procesados por el asesinato de Eduardo Frei (6), cometido en la misma clínica Santa María pocos años después, en el mismo piso 4º. Y la señora María Araneda, que inyectó a Frei, es la misma señora que inyectó en el abdomen a Pablo Neruda. Lo que acaba de comprobarse hace menos de un mes en los restos de Neruda es la presencia de estafilococo dorado, que justamente produce una mancha rojiza. Es decir que Araya nunca mintió. Nosotros mismos nos resistíamos a creer, casi no presentamos la querella, teníamos muchas dudas, porque era ir contra una verdad instalada. La ayuda de gente como el historiador español Mario Moreau, que descube en Madrid viejas entrevistas de prensa de Matilde Urrutia (7), y ella decía en ellas que el médico de Neruda le había dicho que el poeta no podía morir de cáncer, porque le quedaban al menos diez años más de vida, tenía un benigno cáncer de próstata. Y Neruda habría jugado en México un papel políticamente muy importante. Es decir, la vida nos ha mostrado que este sencillo chofer de Neruda tenía absoluta razón en todo lo que nos había dicho. Ahora, ¿podremos procesar a alguien por este delito? Difícil. Deberíamos poder demostrar la participación de terceros en la muerte de Pablo, porque para la legislación chilena no basta siquiera la confesión del autor; para procesar a alguien es necesario demostrar la existencia del delito, y eso se demostraría únicamente si pudiésemos demostrar que murió por esa causa. No va a ser fácil, y quizá no se procese a nadie, pero a esta altura creo que nadie en el país cree que Pablo haya muerto de cáncer. La casualidad no puede ser tanta, la misma enfermera, la misma mancha, los mismos médicos... Neruda no fue a la clínica porque se estuviera muriendo. La decisión de abandonar Isla Negra, donde vivía, es porque le habían allanado su casa, le habían robado su casa, y como medida de protección se encontró más adecuado tenerlo internado en una clínica conocida, como la Clínica Santa María. Ya estando en Uruguay recibimos la información del peritaje, y hay detalles importantes. El químico Berríos, que fue asesinado en Uruguay, estuvo presente en ambos casos, y hay información sobre la enorme cantidad de elementos toxicológicos que el Ejército chileno había comprado luego del golpe. La otra querella que es importante es la que presentamos en el año 2012, para establecer la responsabilidad de los instigadores del golpe, porque nos parece que deben pagar por sus crímenes no sólo los que mataron con sus manos, los que violaron los DD.HH., los que introdujeron todos esos horrores, si también aquéllos que condujeron las cosas para que se dieran esas condiciones que permitieron el quiebre institucional. Ahí encontramos una serie de personajes muy importantes, algunos vivos y otros no, y aquí en Uruguay, gracias al trabajo de un joven historiador uruguayo, un personaje -que no nombro porque estamos en medio de un proceso judicial- se supo que uno de los instigadores del golpe de Estado contra Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954, también estuvo presente en el golpe de Estado en Chile en 1973. No podemos dar su nombre porque es uno de los posibles encauzados, acusados, de la querella en Chile. Es decir que se trataría de un instigador profesional.
Concluyo diciéndoles que en materia de DD.HH., y sobre todo en casos que tienen que ver con delitos de lesa humanidad, como los que ocurrieron en América Latina en una época determinada, es importante en primer lugar la verdad, conocer la verdad en todos sus detalles, cualquiera sean las consecuencias, porque una buena parte de la sociedad sigue creyendo que eso no es verdad, que eso no ocurrió. Les cuento el caso de una joven en Barcelona, años después del golpe. Yo terminaba de brindar una conferencia y pidió la palabra para agradecerme, y dijo que había vivido muchos años en Chile y nunca había sabido lo que había ocurrido. En segundo lugar, es importante la memoria, resguardar la memoria, mantener la memoria viva para las generaciones que vienen, pero sobre todo, y quizá tanto o más que la verdad y la memoria, tiene que haber justicia y reparación. Sin justicia, y sin reparación, la verdad y la memoria son un lindo retrato. Yo creo que se trata de hacer cosas para que, de verdad, estos crímenes horribles, en cualquier lugar que ocurran, y por las razones que sean, no vuelvan a repetirse.





    (1) Monseñor Raúl Silva Henríquez (Talca, 27 de septiembre de 1907, Santiago, 9 de abril de 1999) fue un destacado sacerdote salesiano y abogado chileno, obispo de Valparaíso entre 1959 y 1961, arzobispo de Santiago entre 1961 y 1983 y acérrimo defensor de los derechos humanos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet.

    (2) Volodia Valentín Teitelboim Volosky (Chillán, Región del Biobio, 17 de marzo de 1916 - Santiago, 31 de enero de 2008), fue un abogado, político y escritor chileno, Premio Nacional de Literatura 2002. Fue diputado y senador comunista, y secretario general del Partido Comunista de Chile entre 1990 y 1994.

    (3) Carlos José López Tapia ha sido identificado como integrante de la Caravana de la Muerte a su paso por Linares y Cauquenes, en octubre 1973, ocupando el puesto de segundo jefe de la misión del helicóptero Puma que transportaba la comitiva criminal, por lo que ha sido acusado de participar en la muerte de cuatro personas. López Tapia participo en la ejecución del líder campesino José Gregorio Liendo Vera, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, quien fue fusilado el día 3 de octubre de 1973 en Valdivia. Posteriormente ingresó a la DINA, llegando a ser jefe de la Villa Grimaldi en 1976, periodo en que la DINA secuestro e hizo desaparecer desde el centro clandestino a decenas de prisioneros y prisioneras. También fue Jefe de División de Inteligencia Metropolitana de la DINA. Tuvo vínculos estrechos con los grupos nazis de Colonia Dignidad.

    (4) Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda (Santiago de Chile, 4 de mayo de 1929-ibídem, 7 de agosto de 2015), conocido por el apodo de Mamo, fue un general del Ejército de Chile. Entre 1973 y 1977, a comienzos del gobierno militar, fue designado por Augusto Pinochet como jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), cargo a través del cual dirigió una serie de actividades de represión política (incluyendo tortura, secuestro y asesinato) a los opositores del régimen. Por dichas violaciones a los derechos humanos, fue condenado a cadena perpetua. En julio de 2010 declaró públicamente -desde la prisión militar donde cumplía condena- que se sentía “orgulloso de su trabajo” al frente de dicho organismo.

    (5) Raúl Eduardo Iturriaga Neumann (Linares, 23 de enero de 1938) es un militar chileno que fue mayor general del Ejército y director asistente de la DINA, la policía secreta bajo la dictadura de Augusto Pinochet. El 11 de junio de 2007 Iturriaga se rebeló contra la condena de prisión de 10 años dictada por el juez Alejandro Solís (que la Corte Suprema redujo a 5 años) por el secuestro del miembro del MIR, Luis San Martin, desaparecido el 17 de diciembre de 1974. Se fugó y fue recapturado menos de dos meses después por la Policía.

    (6) Eduardo Nicanor Frei Montalva (Santiago, Chile; 16 de enero de 1911 – ibídem, 22 de enero de 1982) fue un abogado, periodista y político demócrata cristiano chileno. Fue presidente de la República durante el período comprendido entre 1964 y 1970 y presidente del Senado en 1973. Fuerte opositor a Allende, apoyó en primera instancia al golpe de Pinochet pero poco después se transformó en uno de sus principales opositores. Murió en 1982 luego de una cirugía simple en la Clínica Santa María. Se comprobó luego que había sido intoxicado en la propia clínica, probablemente con un tóxico o veneno producido por Eugenio Berríos, asesinado años después en Uruguay.

    (7) Matilde Urrutia era la compañera de Neruda al momento de su muerte.

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