miércoles, 30 de marzo de 2016

Ñanderekó: un hermoso lugar de arte y paz

En el camino que va desde la Ruta 12 a la entrada del Parque de UTE-Antel, aproximadamente una cuadra antes de llegar a la entrada del parque, se puede divisar a mano izquierda, al lado del camino, un vistoso puesto de venta, hecho de madera. Y todo lo que se ve en el puesto, dentro y también afuera si el clima lo permite, son exquisitos muebles y artesanías en madera y hierro, de estilo rústico. Mesas, bancos, espejos y muchas cosas más, realizados con buen gusto y calidad.

ÑANDEREKÓ

Se trata del Taller Ñanderekó, un nombre guaraní que significa “nuestras cosas” o “nuestra casa”.
Su responsable, Alejandro Santos Küh, dijo a Primera Página que hace tres años que está allí. Él mismo construyó el puesto de venta y también la casa y al taller -de madera, claro- que están detrás. Alejandro, de 41 años de edad, comenzó a trabajar como carpintero a los 16 años, y al mismo tiempo a estudiar carpintería en la UTU, en su pueblo natal, Young. Y trabajó en el oficio desde entonces, en los primeros años con las técnicas y muebles más tradicionales, y más tarde haciendo muebles rústicos. En realidad, Alejandro comenzó a trabajar a los 12 años, ayudando a su padre, que se ganaba la vida como pintor, generalmente en estancias de la zona de Young. El curso de carpintería era de dos años, y le dio “un oficio que te acompaña toda la vida”.
Ahora, en Minas, normalmente recorre remates y otros lugares buscando maderas viejas, y tiene también conocidos que le proveen por ejemplo de viejos piques de alambrados, que él transforma en muebles, artesanías y adornos, o de viejas herramientas o trozos de metal, que también usa en su trabajo.

LA CRISIS DEL 2002

La crisis económica del año 2002 lo expulsó de su pueblo y del Uruguay. A los 27 años se fue a Luque (Paraguay), donde vivía un primo suyo. Allí, además de trabajar, se involucró en temas indigenistas, y se fue a vivir a una comunidad indígena en el norte argentino. Vivió con ellos por tres años, en esa zona y también en Bolivia y Paraguay. Su vida en una comunidad indígena lo influenció artísticamente, claro, pero sobre todo con su cosmovisión acerca de la vida y el trabajo. Con lo que hace, viviendo en una humilde casa de madera que él mismo construyó, “no voy a ser multimillonario, pero podré vivir tranquilo, con sobriedad”, cuenta. Al volver al Uruguay, entre otras cosas hizo un curso de “diseño indígena” en la Universidad de la Empresa, en Montevideo.
Su compañera de vida era también uruguaya, de Rio Branco, y cuando surgió la posibilidad de volver al Uruguay eligieron vivir en Minas, estratégicamente ubicada, a relativa poca distancia de la costa atlántica, la frontera con Brasil y la capital del país. En primera instancia alquilaron una vivienda en Minas, y a los años pudieron encontrar lo que buscaban, un terreno barato cerca del Parque de UTE-Antel, de menos de 600 metros cuadrados.
En su taller, Alejandro tiene algunas máquinas, “por la dureza de algunas maderas”, pero igualmente buena parte de su trabajo se hace con las manos y herramientas simples.

DESDE UCRANIA

El apellido Küh es alemán. Su abuelo llegó al Uruguay desde Europa, en el año 1928. Vivía en una colonia alemana en Ucrania, y buscó un mejor futuro en América, cuando tantos europeos viajaron a nuestro continente en busca de una vida mejor. Y buena parte de ellos lo encontró.
Alejandro vive sólo, desde que se separó de su compañera. Acostumbra viajar a Minas todos los lunes, a jugar al fútbol con amigos, en Las Delicias. Su casa no cuenta con agua propia. Junta agua de la lluvia, y un vecino le da de su pozo para beber. El agua suele estar en esta zona a cierta profundidad, y cada metro de perforación para tener un pozo propio, cuesta mucho dinero.
“A veces estoy quince días sin ir a Minas”, cuenta Alejandro. No obstante, el aparente aislamiento no conspira en contra de las ventas: un familia de turistas detiene su automóvil en el camino, y hace algunas compras, unos hermosos adornos de madera y hierro. El jefe de familia le pregunta a Alejandro cómo podría hacer entrar en su automóvil un hermoso banco de considerables dimensiones, si decidiera comprarlo. “No hay problema”, responde Alejandro. Ya tiene organizado un sistema de fletes, muy barato, para llevar muebles hasta Montevideo o zonas cercanas.
Las artesanías y muebles en madera y hierro que Taller Ñanderekó ofrece, son hermosas. Es posible encontrar artículos de este tipo en algunos pocos y exclusivos lugares de Montevideo, o de Colonia o Punta del Este, pero al doble, triple o cuádruple del valor que tienen aquí, cerca de Minas.
Así que si desea admirar y quizá comprar a un precio módico unos muebles maravillosos, alcanza con un corto viaje. Y si no desea comprar nada, igual vale la pena hacer el viaje para deleitarse con la belleza del trabajo de Alejandro.

Nota de redacción: es posible comunicarse con el taller y con Alejandro llamando al teléfono 098/861283, o escribiendo a la dirección de correo electrónico rusticosnandereko@gmail.com. Además se pueden ver fotografías de los trabajos que realiza el taller en el sitio de internet www.nandereko.com.uy, o visitando la página de Facebook taller.nandereko.     

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